Matemáticas y punto: las otras figuras ocultas

¿Mujeres matemáticas? No, matemáticas y punto, cuyas contribuciones merecen capítulo aparte no por su género, sino por el injusto olvido de los libros de historia y los galardones científicos. Hoy repasamos el camino, con más espinas que rosas, de algunas pioneras de esta ciencia.

No, no busquemos en los libros de historia… Ha tenido que llegar Hollywood, con la película Figuras ocultas, para descubrir al mundo a Katherine Johnson, quien calculó la trayectoria del Apolo 11 hacia la Luna.

Pero la invisibilidad de las científicas e ingenieras no es cosa del pasado: sin ejemplos a seguir y admirar no se siembran vocaciones STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas por sus siglas en inglés).

Y los números hablan por sí solos: el 35% de los estudiantes de carreras STEM (como el Grado en Ingeniería y Gestión Empresarial) en el mundo son mujeres, lo cual baja a un alarmante 12% en España (7 puntos por debajo de la media europea). Sabiendo que el 90% de las ofertas de empleo actuales requieren habilidades tecnológicas, se avecina una brecha de género cada vez mayor en el mundo laboral.

“Desocultando” el talento en busca de referentes STEM

Dado que las matemáticas están en la base de cualquier carrera STEM, como contrapunto a los estereotipos presentes en los medios de comunicación, plagados de IT girls preocupadas de salir bien en la foto enseñando su último modelito o tratamiento de belleza, nos proponemos dar ejemplos de matemáticas cuyos logros no solo merecen una película, sino que se deberían estudiar en colegios e institutos como referente para motivar a las chicas y enseñar que las disciplinas STEM no son “cosa de hombres”.

Hipatia de Alejandría (370-415 d.C.): matemática y mártir

Hipatia de Alejandría

Está considerada como la primera matemática de la historia, aunque también la podríamos mencionar como la primera filósofa, física o astrónoma. Dominaba todos estos campos gracias a que su padre, profesor y último director de la biblioteca-museo de Alejandría, la educó libremente dándole acceso a un conocimiento que le estaba vetado.

Su obra se perdió con el incendio de la biblioteca, así que solo sabemos de ella por medio de otros autores, quienes dicen que sobrepasó en conocimientos a todos los científicos de su tiempo. Gozó de tanto prestigio que iba gente de todo el mundo a escuchar sus enseñanzas.

Pero le tocó vivir en una época hostil: nació en Alejandría cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano. Su situación era peligrosa por ser científica, pagana (se negó a convertirse) y un personaje influyente, ya que era consejera de importantes políticos. Este cóctel explosivo desembocó en su tortura y asesinato por un grupo de exaltados, como refleja Amenábar en la película Ágora.

Émilie de Châtelet (1706-1749): la marquesa ilustrada

Fue una dama francesa de la alta aristocracia que tradujo la obra principal de Newton del latín al francés, con extensos comentarios que facilitaban su comprensión. Esto contribuyó a divulgar conceptos novedosos e ideas que permanecerían intactas hasta mediados del siglo XIX.

Hay que tener en cuenta que en aquella época Newton era un científico famoso en Inglaterra, pero totalmente desconocido en el resto de Europa. Su libro se ha vuelto a reimprimir hasta la actualidad y es la única traducción al francés.

Sin embargo, se considera como el mayor divulgador de la obra de Newton en Francia al hombre que la transportó de Londres a París y luego escribió el prólogo al libro de la marquesa. Ella también ha pasado a la historia, pero por haber sido amante de Voltaire, quien la describió como “un gran hombre con el único defecto de ser mujer”.

Émilie de Châtelet

Su salón se convirtió en uno de los principales centros intelectuales de Europa, visitado por los científicos más prestigiosos del momento, donde se discutían las nuevas ideas que iban a revolucionar la ciencia y que era imposible debatir en las universidades, donde se enseñaban conocimientos encorsetados no dejando lugar a la crítica.

Sophie Germain (1776-1831): bajo pseudónimo

Fue totalmente autodidacta y tuvo que vencer la oposición familiar ya que, si aprendía demasiado, no podría casarse. Para que no pudiera estudiar, la dejaban sin luz ni calefacción, pero ella se envolvía en mantas y se escondía velas para poder trabajar. Cuando la encontraron dormida sobre su escritorio, con la tinta congelada y una hoja llena de cálculos, decidieron apoyarla.

Como por ser mujer no podía asistir a la universidad, consiguió unos apuntes y, al final del curso, presentó un trabajo bajo pseudónimo. Con este truco para ocultar su identidad, se atrevió a escribir cartas a Gauss, uno de los matemáticos más grandes de la época y de toda la historia. Leyendo un libro de Gauss decidió dedicarse a la teoría de números, donde sus contribuciones jugaron un papel relevante para la resolución del último teorema de Fermat.

La Academia de Ciencias de París, con objeto de dar fama a Poisson, ofreció un premio al mejor ensayo sobre el problema de la elasticidad. Sophie fue la ganadora, pero Poisson se negaba a tener una discusión científica con ella por considerar que no estaba a la altura; aunque no tuvo reparos en usar ideas de Sophie en publicaciones suyas sin nombrarla. Para evitarlo, ella decidió escribir una memoria y la presentó a la Academia, donde Poisson era uno de los encargados de evaluarla. Dicho informe no se hizo nunca y la memoria tardó 60 años en publicarse.

Sophie Germain

Sus trabajos han sido cruciales para el desarrollo de la teoría general de la elasticidad (pues la historia ha corroborado su punto de vista, refutando el de Poisson) que ha tenido aplicación para la construcción de la torre Eiffel. Sin embargo, no figura entre los 72 científicos (todos varones) cuyo nombre se grabó en la torre por sus trabajos en este campo. Nunca recibió título alguno: Gauss la propuso para el doctorado honoris causa en la universidad de Gotinga, pero solo lo consiguió a título póstumo.

Emmy Noether (1882-1935): la señora de los anillos

Como su padre era profesor en la Universidad de Erlangen, obtuvo un permiso especial para poder asistir a clase, aunque sin derecho a examinarse. Cuando finalmente pudo hacerlo, se doctoró con cum laude. Durante los 7 años siguientes trabajó sin sueldo ayudando a su padre y realizando sus propias investigaciones.

Años más tarde, se trasladó a la universidad de Gotinga invitada por el gran matemático David Hilbert. En esta época llegó a resultados que posteriormente serían esenciales en la teoría de la relatividad. Tanto es así que Albert Einstein la definió como “el genio matemático creativo más importante que haya existido”.

Emmy Noether

A pesar de ello, el estamento político no estaba dispuesto a admitir a una mujer como profesora, aunque la recomendara el mismísimo Hilbert, quien ante las objeciones de sus colegas alegaba: “No veo por qué el sexo de los candidatos sea un argumento contra su admisión. Somos una universidad, no una sauna”. Así que siguió dando clases anunciándolas bajo el nombre de otros profesores.

Sus trabajos modificaron el álgebra desde sus fundamentos e influyeron en la investigación matemática de universidades de todo el mundo, desde donde llegaban matemáticos a trabajar con ella. Se la considera la madre del álgebra abstracta y existe una clase de anillos (un tipo de estructura algebraica) que lleva su nombre.

Con el tiempo consiguió el reconocimiento oficial y podía dar clases en su propio nombre ¡pero sin sueldo! Con la llegada de Hitler al poder, se le retiró el derecho a ejercer como docente por ser judía. Se exilió a EE. UU. donde daba clases en Princeton y se encontraba con Einstein y otros ilustres exiliados alemanes. Murió a los 53 años en pleno apogeo de sus investigaciones.

Emmy Noether ha dado nombre a una clase de anillos, un tipo de estructura algebraica

Maryam Mirzakhani (1977-2017): exploradora en la jungla

¿Tiene sentido seguir hablando de barreras de género y de pioneras en pleno siglo XXI? Sí, pues en el caso de los premios matemáticos solo encontramos una mujer entre los 60 laureados con la medalla Fields, considerada como el Nobel de las matemáticas. Se trata de la matemática iraní Maryam Mirzakhani, galardonada en 2014.

Entonces no faltaron los corrillos en los que se justificaba el premio porque “ya tocaba una mujer”, señalando que su origen iraní era el reclamo perfecto para la prensa, como paradigma de la libertad de las mujeres (fue famoso el detalle de que el presidente iraní, para felicitarla, tuiteó una foto suya sin velo).

Esos comentarios maledicentes, que ignoraban sus logros matemáticos, desaparecieron con la tragedia, pues cuando recibió el premio ya estaba enferma del cáncer que se la llevó tres años más tarde. Desde entonces, nadie duda en loar sus hallazgos y ha recibido múltiples homenajes.

Maryam Mirzakhani
Foto-homenaje que colgó en Twitter el científico iraní Firouz Naderi.

Nacida y formada en Teherán, fue en EE. UU. donde se doctoró y desarrolló su carrera pasando por las universidades más prestigiosas: Harvard, Princeton y, finalmente, Stanford, donde fue profesora desde 2008. El premio la puso en el foco mediático y, ante la pregunta de los periodistas sobre cómo describiría su éxito al descubrir nuevos resultados matemáticos, decía:

“No tengo ninguna receta especial. Es como estar perdida en una jungla, intentando aplicar todo el conocimiento que puedas reunir para inventar nuevos trucos y, con un poco de suerte, consigues encontrar la salida”

A hombros de gigantas

La explosión del big data y la inteligencia artificial ha generado un auténtico boom por las matemáticas, cuyos graduados son el nuevo objeto de deseo de las empresas.

Como ejemplo, hay que recordar el artículo publicado en este Blog por Víctor Sotomayor: ¿Para qué sirven las matemáticas? El caso de Google.

Este éxito debería ser un reclamo; sin embargo, desde que esta ciencia no se vincula solo a la docencia, el número de alumnas no deja de caer:

Sexo alumnos matriculados en Matemáticas universidades españolas

Para revertir esta tendencia, necesitamos ejemplos de heroínas matemáticas (científicas e ingenieras en general) que sirvan de espejo al que las niñas puedan mirar y admirar, poniendo en práctica el famoso mantra: “si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”.

Desde las instituciones educativas hemos de dar visibilidad a estas y otras historias de pioneras científicas que han abierto camino para alcanzar sus sueños, sin miedo a convencionalismos, estereotipos o prejuicios. Solo así daremos alas a las niñas actuales, para que persigan sus objetivos sin miedo; en palabras de la gran Marie Curie:

“Nada en la vida debe ser temido, solo debe ser entendido.  Ahora es el momento de entender más, para que podamos temer menos”.

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